CAPÍTULO 10 : NOBLEZA Y VALENTÍA
El opresor mira a sus dos hijas con furia en la mirada.
—¿Qué estáis diciendo? —les grita su padre furioso. —¿Os estáis enfrentando a vuestro propio padre para salvar a estas bestias inmundas? —les reprocha rojo de ira.
—No. Nos enfrentamos a ti para defender a esos hombres, es que ellos no han hecho nada de lo que suponéis. —dice Marion volviendo a sincerarse con su progenitor.
Aunque ambas tiemblan de miedo por dentro al enfrentarse a aquel ser despótico y cruel que tienen como padre, han encontrado el valor suficiente para contar a su padre la verdad. Esos dos hombres son inocentes de lo que se les acusa y ya reciben bastante castigo del dueño de la plantación solo por el color de su piel. Además no hubiese sido justo que se hubieran mantenido calladas dejando que personas inocentes pagaran por algo que hicieron ellas.
No habría sido justo, ni humano.
Ellas no son iguales que su padre, ¿qué va a hacer él? ¿Torturarlas de la misma manera en la que lo hace con sus esclavos y en público?
Eso correría por todo el país y le granjearía una mala imagen no solo personal, sino en el ámbito de los negocios.
El individuo no es ni el primero, ni el único terrateniente que golpea a sus hijas y su mujer, son varios quienes lo hacen, pero es algo que hacen en privado para que nadie, o al menos la menor gente posible, se entere.
Además hay otros hombres, adelantados a su tiempo, que no dudarían un instante en propinar una paliza al esclavista para hacerle sentir lo mismo que siente una mujer cuando la brutalidad de un hombre la golpea. Y no solo los hombres de su misma clase social se encargarían de golpearle con saña, pues la mayoría ya le tiene ganas por diversos motivos. Dentro de sus propios dominios hay más hombres dispuestos a ser igual de salvajes que él es con su familia.
El padre de los Jackson, por su parte, se plantea ir en busca de sus hijos aunque para ello tenga que arriesgar su propia vida al enfrentarse al diablo que les esclaviza, pues está convencido que eso fue lo que pasó con sus muchachos. La plantación del Demonio es la más cercana al lugar donde viven con sus hijos.
No le importa nada dar su vida a cambio de la de sus hijos. Desea matar a ese engendro con sus propias manos. A él le destruyó la juventud y gran parte de su vida con sus malos tratos y explotación, pero no va a permitir que le hagan lo mismo a sus vástagos.
Su esposa trata de hacerle desistir de esa idea.
—Eso es una locura, cariño. No eres un muchacho ya. Si lo que sospechas es cierto, caerías muerto antes de que pudieras siquiera tocarle y yo moriría después del dolor por perderte. —se sincera Elisabeth con él. —Además ellos son muchachos jóvenes y fuertes que pueden cuidarse solos y protegerse el uno al otro. —le confiesa su esposa acariciando la cicatriz de su marido con amor. —No te preocupes, siendo tan malvado espero que algún día la vida le ajuste las cuentas. Estoy convencida que tiene muchos enemigos. No le conozco, pero si lo que sospechas ese ser inmundo es cierto, tiene mi odio eterno, no solo por lo que hizo a ti, amor, sino por lo que podría hacer a nuestros hijos. Algún día pagará.
En el pantano donde han aparecido los tres cuerpos, estos son avistados por unos esclavos de la plantación vecina que compite en grandeza, majestuosidad y productividad, aunque no así en crueldad con la de Jake.
Los hombres de piel negra han logrado escapar de esa hacienda porque ansían la libertad y aunque el dueño de aquella plantación no los trata con tanta maldad y crueldad como Jake con sus "bestias", los esclavos no desean someterse a nadie. En todo caso a si mismos.
Pueden reconocer a esas tres personas que están en el agua a la perfección, aunque sus identidades personales no las conocen, sí saben que son de los suyos. Son "su gente."
Cuando están a punto de acudir en su ayuda, los chicos de piel negra corren a esconderse para que no les descubran. Ahora que están tan cerca de la ansiada libertad no quieren que nadie les sorprenda y les devuelvan a la plantación de la que se escaparon.
Desde su escondite los esclavos ven llegar a un grupo de hombres blancos. Parecen de clase alta y a leguas se les ve la maldad. Sus comentarios acerca de los tres cuerpos en el río confirman sus sospechas.
—Mirad, tres animales en el agua. Seguro estarán sirviendo de alimento a las criaturas marinas y a los insectos. —dice uno de individuos del grupo que acaba de llegar a sus compañeros.
Todos se ríen a carcajadas.
—Cierto, así deberían acabar todos esos seres. —responde otro miembro del grupo.
Los esclavos que los están escuchando expresarse así de las tres personas flotando los maldicen.
«Malditos.» «Semo' persona' tambié.»
Los tipos blancos deciden acercarse a los tres cuerpos para tratar de reconocerlos y avisar a sus respectivos amos. Lo que pase con sus cuerpos, lo cierto es que les da igual. Como si se descomponen del todo en el agua y la contaminan. Total, eso es lo que hacen los negros "contaminar todo".
—¡Ojalá todos esos malnacidos que intenten escapar cruzando este lugar se ahoguen en él o mueran envenenados con lo que sus "amigos" han dejado en el agua.—comenta otro de ellos con un mal disimulado odio a las personas que tienen la piel más oscura que él.
El grupo ni siquiera se molesta en disimular el asco que sienten por la gente de raza negra. Son casi, casi tan malvados y crueles como Jake, aunque nadie ha podido superar hasta el momento la maldad del padre de Marion y Stefanie.
Lejos de allí, un hombre de la alta sociedad descubre indignado que su joven esposa está embarazada y monta en cólera. Sabe que esa criatura que viene en camino no es suya ya que siempre ha sido estéril aunque jamás se lo ha dicho a su mujer.
El individuo comienza a darle vueltas a la cabeza tratando de averiguar quién fue el desgraciado que se atrevió a meterse con su esposa. Siente deseos de matar a su mujer, pero no puede hacer eso. Cuando la noticia se sepa todo el mundo creerá que es hijo suyo y se horrorizarían si supieran que acabó con la vida de su propia progenie. Ya les ajustará las cuentas a ambos.
Cuando el grupo de hombres blancos ve las marcas de los cadáveres flotantes del agua descubren enseguida a quienes pertenecen esas tres personas y ponen rumbo a casa de su dueño.
En la plantación, Jake enfurece al saber lo que sus hijas le están contando.
—¡Dejad de mentir para salvar a estos animales..! —grita el individuo escupiendo a los hermanos Jackson.
Ellos asqueados se limpian la cara y le miran con odio cuando su esclavista no puede verlos.
—No os estamos mintiendo, estáis reprochando lo sucedido a las personas equivocadas. —responde Marion.
Ellas le cuentan lo sucedido la noche anterior y en ese momento su progenitor se da cuenta que, en efecto, están diciendo la verdad. Solo puede saberlo él y las personas que le atacaron a traición esa noche. Más enloquecido que nunca se dirige a sus hijas dispuesta a darles su merecido castigo.
Los hermanos Jackson intentan ir en ayuda de las hijas del demonio, pero las heridas infringidas por el opresor se lo impiden. Apenas si pueden sostenerse ellos mismos como para ayudar a alguien.
El explotador se lleva a sus dos hijas de allí después de abofetearlas con fuerza en dirección a sus habitaciones cuando el mayordomo de la casa le informa que unas personas desean verle.
—¡Id a vuestras habitaciones enseguida! Ya me encargaré de vosotras. —les exige el individuo.
El dueño de la hacienda recibe a las personas han acudido a visitarle y estos le dicen.
—Hemos encontrado tres cuerpos en un río cercano y por las marcas que tienen en su pecho dos de ellos pertenecen a su hacienda. Una mujer, un hombre. También hay una chica joven de no más de veintiún años, pero ella carece de marca alguna.
El opresor que siempre ha tenido un sexto sentido para algunas cosas comienza a sospechar a quienes pertenecen esos cuerpos encontrados en el agua.
En el momento en que uno de los visitantes le entrega un pequeño anillo de oro y rubí que el esclavista había regalado a la joven, confirma la identidad de los cuerpos.
Esa joya se la había regalado a alguien a quien deseaba poseer. Deseaba deslumbrarla, impresionarla de esa forma. El marido de Vivían recuerda el momento en el que hizo ese regalo sin que nadie le viera.
Días antes....
—Es solo un regalo y quiero te lo pongas cuando yo te diga. —le dijo el individuo al objeto de su deseo mirándola con lascivia.
—Lo siento señó, yo no pue'o aseptá eso. —respondió la joven marchándose.
No obstante el señor de todo aquello logró meterle ese anillo de oro y rubí en alguna prenda de ropa de la joven para hacerla cambiar de idea y que decidiera entregarse a él de manera voluntaria y apasionada pidiéndole que la abriera las puertas al mundo del sexo por primera vez.
Pero ella jamás aceptó, ni sucumbió a su acoso. Probablemente Mandy ni siquiera sabía que lo llevaba consigo cuando murió, seguramente ahogada en el pantano, mientras ella y sus padres trataban de escapar de la hacienda.
Al saber que Mandy ha muerto y ya no podrá desfogar en ella toda esa pasión que ha despertado en él, el esposo de Vivian, iracundo, arremete contra lo que encuentra a su paso.
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