CAPÍTULO 11


Los hombres que han ido a dar la nefasta noticia al dueño de la plantación salen apresuradamente de allí temiendo que la cólera del Demonio les alcance al ser portadores de tan nefasta noticia.

En realidad las vidas de sus tres esclavos le importaban nada y menos, pero no haber podido satisfacer sus egoístas y primitivos instintos sexuales con aquella hembra hermosa le ha hecho enfurecer. Una vez que le hubiera hecho el amor todas las veces que hubiera querido y cuando ya se hubiese cansado de ella, no le habría importado en lo más mínimo la suerte que su existencia hubiera corrido. A él solo le importa él mismo.

Su esposa Vivian le observa y niega con la cabeza, su marido ni tan siquiera se molesta en disimular un poco la rabia que le produce la muerte de su esclava. La asediaba sin ningún tipo se pudor delante de todo el mundo y sin consideración alguna para con ella, que es su esposa, ni por vergüenza hacia sus propias hijas, aunque tampoco es algo que la sorprenda ya que él toda la vida se ha conducido de esa forma. Esa es su diabólica personalidad.

Así es el Demonio, incluso ella, cuando está a solas y nadie puede escucharla le dice así ; el Demonio.

Cuando se enteró del sobrenombre que habían puesto a su esposo no pudo más que estar de acuerdo con esa definición, porque en verdad es un demonio en la tierra. Un demonio con el que ella, por desgracia, está casada.

En su habitación, las hermanas tiemblan pensando en el castigo que su padre les va a infringir por haberse metido en sus asuntos con Mandy e impedir que castigara a los hermanos Jackson.

—Es posible que padre nos de el castigo de nuestra vida, pero teníamos que parar tantas atrocidades por su parte. —comenta Marion con su hermana.

—Es cierto, podemos prepararnos para lo que nos espera, pero al menos habremos evitado algunos abusos suyos. —responde Stefanie.

En ese momento ambas piensan en los hermanos Jackson y sonríen, al menos durante un rato, mientras su padre las castiga a ellas, Michael y Jeremiah, se librarán por un rato de sus torturas y de su crueldad.

Por su parte, los hermanos están muy preocupados por las hijas de su opresor que se han puesto en evidencia para impedir una injusticia de ese diablo en contra de ambos.

—No creo que sea capaz de hacerles algo a sus propias hijas. Después de todo son sus hijas. —comenta Michael con su hermano.

—¡Ay, hermano! Ese hombre es tan malvado y tiene tanta cólera dentro ahora mismo  que será capaz de cualquier cosa contra cualquier persona, aunque esas personas sean de su propia familia. ¿Nunca te has fijado en la mirada que tiene? —le comenta e joven a su hermano.

—Sí. Su mirada está llena de maldad y crueldad. —responde el mayor de los dos hermanos intentando que nadie les escuche hablar del dueño de todo aquello porque podrían meterse en problemas si algún empleado los escuchara.

—Tiene una mirada diabólica. De ahí y de su comportamiento que le llamen el Demonio. —dice Jeremiah. —Él seguro que lo sabe, sabe como le llaman y se aprovecha de ello.

El Demonio, con la furia consumiendole, sube a la habitación dónde se encuentran sus dos hijas, con la fusta con la que cual arrea a sus caballos. Ellas se abrazan mutuamente para protegerse.

Su padre las hace salir de la habitación y se las lleva con él fuera de la casa, luego le dice a varios trabajadores que le acompañen. Vivian corre tras sus hijas pensando que tal vez delante de ella su marido no se atreva a tocarlas, pero el opresor, que no está dispuesto a permitir interrupciones de nadie, la abofeta con fuerzas tirándola al suelo y dejando un rasguño en la mejilla de su esposa con un extremo de su anillo de oro. La mujer, aunque siempre mantiene una actitud algo fría respecto a sus hijas y su marido, no tiene nada de fría. Solo es una mujer que trata de sobrevivir y trata por todos los medios que sus hijas también sobrevivan en aquel entorno tan violento y tan poco propicio para que una mujer pueda vivir con un poco de paz.

A medida que avanza hacia el lugar donde castigará a sus hijas, la gente se aparta al paso del malvado hombre. El esclavista, ve a los hermanos apenas levantándose del suelo y les propina un puñetazo en el estómago antes de proseguir su camino con las dos hermanas.

El agresor se lleva a las muchachas hasta un paraje natural algo aislado de la plantación. Allí piensa escarmentar a sus hijas y dejarles claros que en "sus asuntos" nadie, ni siquiera, sobre todo ellas, deben inmiscuirse. Está tan ciego de ira que no puede controlar su furia por no haber logrado satisfacer ese deseo que le estaba consumiendo. Su frustración le ha dejado fuera de control.

Una vez que se encuentra a solas con algunos de sus más fieles trabajadores y sus dos hijas, el opresor se enzarza con ambas hermanas sin pronunciar palabra alguna golpeándolas de forma salvaje y sin ningún tipo de compasión.

El delirio que le ha provocado su frustrado acto sexual con Mandy está desquiciando al dueño de todo aquello convirtiéndole en una persona aún más malvada de lo que ya era.

Los hermanos saben que ese hombre es capaz de cualquier cosa incluso con sus propias hijas y quieren detener a esa bestia, pero apenas si se mantienen en pie después de las agresiones de las que han sido objeto, de las que siempre son objetivo por parte de ese diablo desde el mismo día que pusieron sus pies en aquel lugar.

Sus heridas son profundas y les arde todo el cuerpo después de la salvajada acometida en ellos por ese ser sin alma. Quieren hacer algo por ellas, aunque no encuentran la forma de ayudar a las dos jóvenes.

Lejos de allí, Jeff comienza a diseñar su plan de destrucción al asesino de Margaret. Irá cercando al criminal de una forma que el esclavista no puede ni imaginar. No sospecha lo que se le viene encima.

En la plantación Magnolia, Jake golpea sin piedad a sus hijas con la misma fusta con la que pega a sus caballos cuando estos no le hacen caso o son demasiado lentos. Aunque sus hombres ven horrorizados el castigo que el Massa, impone a su propia sangre no hacen nada por evitarlo. Después de todo ellas se lo han buscado por meterse en los asuntos de su padre y "defender a esos negros".

El opresor sigue golpeando a sus hijas que intentan parar los golpes, el Demonio se centra en la espalda y todas aquellas partes que al estar cubiertas por prendas de ropa no pueden mostrar ninguna señal de golpes salvajes. Evita golpear sus rostros y sus manos, más por mantener cierta imagen compasiva, que por verdadera humanidad. Después de todo si los golpes no se ven es como si no existieran. Pero esos golpes duelen, escuecen y las dos hermanas están a punto de perder el conocimiento cuando alguien dispara al individuo en un brazo y se escabulle. En ese momento, Jake se lleva la mano al brazo y comprueba que la sangre sale de su brazo.

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